[Ciudadano Cultural] Marianita (1885): El Gran Best Seller Nacional Ambientado en Los Vilos

Vicente Grez (1847 – 1909) y su novela “Marianita” de 1885, ambientada en Los Vilos.

Por: Joel Avilez Leiva.

Marianita de Vicente Grez 1 - [Ciudadano Cultural] Marianita (1885): El Gran Best Seller Nacional Ambientado en Los Vilos

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El joven periodista publicaba artículos en los más destacados diarios capitalinos, entre ellos “El Nuevo Ferrocarril” cuyo dueño y editor era el destacado historiador y senador por Coquimbo, don Benjamín Vicuña Mackenna. Grez se había arriesgado a publicar – bajo el patrocinio de Vicuña –  la primera biografía del capitán Arturo Prat Chacón en su libro “El Combate Homérico” (1880) a un año de los eventos de Iquique. Gran caricaturista y poeta, también en “Marianita” se arriesgó a plasmar los prejuicios de la sociedad terrateniente que, en esta novela, una “tragedia vileña”, “psicológica y sentimental” al decir de Roberto Alonso (1885) nos presenta en el pequeño caserío – puerto de aquellos años, la historia de amor de Camilo, proveniente de Santiago y Marianita, natural de Los Vilos. La descripción que hace Vicente Grez del pueblo, su calle y su geografía nos hace sin duda pensar que lo conoció en persona, al igual que las haciendas vecinas, pues las describe con una precisión médica.

 

Vicente Grez (1847 – 1909) y su novela “Marianita” de 1885, ambientada en Los Vilos.

LA HISTORIA

 

Una mañana del mes de enero de 18… aparece frente a la playa de Los Vilos una fragata mercante. El buque sorteó sin problemas los escollos de una costa conocida por su peligrosidad, ya sea por el viento, ya sea por las tempestuosas olas del mar. Numerosos paseantes veraniegos que se alojaban en el pueblo bajaron también a la playa, disputándose el honor de descubrir la nacionalidad y el nombre de la embarcación: unos decían que era un buque inglés, otros que era la fragata francesa “Austerlitz” (como la gran victoria de Napoleón Bonaparte sobre austriacos y rusos en 1805, en los campos de la actual República Checa), que al decir de varios había atracado en Talcahuano el verano pasado cargada de trigo. De esta interrogante los sacaron los “pilluelos” hijos de los pescadores que con cierta autoridad señalaron “es la Mercedes. La misma que vino hace un año a llevarse la cosecha de la hacienda”. Efectivamente, era la barcaza chilena “Mercedes” que traía mercaderías desde Valparaíso, para luego seguir la ruta hacia San Francisco de California, en los Estados Unidos. En el bote que traía a tierra a su capitán y parte de la tripulación, destacaba un joven, que viajaba desde Santiago por diversión, y a los cuales los médicos le habían recomendado aprovechar la expedición marítima para reponerse de su delicada salud.

            Su figura llamó la atención del Subdelegado Marítimo de Los Vilos, Sr. Albarracín, quien, llevado por una aguda curiosidad comenzó a charlar con el joven, enterándose que era el sobrino del dueño de la hacienda. Entonces, lo invitó a almorzar a su casa: “Estaba situada en seguida de unos grandes galpones que servían de bodega, i a los que, a veces se les daba el pomposo nombre de aduana. Era una casa de madera i adobes que tenia a su frente un ancho i bajo corredor, sostenido por pilares de robles sin labrar que descansaban sobre bases de piedra. En el interior había cinco o seis piezas: una de recibo, que servia de comedor; otra de oficina, en la que estaba el archivo de la subdelegación i el casillero de la estafeta; dos dormitorios.” Camilo conoce allí a Marianita, una niña vileña de 16 años, de enorme belleza, que hace las labores del hogar y cría y enseña a leer y escribir a sus hermanos, una verdadera “Heidi” (guardando las proporciones entre los Alpes Suizos y las dunas vileñas). Lo que más llama la atención del santiaguino son las finas formas de la muchacha, que jamás ha pisado los salones de la alta sociedad de la capital u otra ciudad importante. Esto lo desconcierta. De quedarse por una jornada, pasa a quedarse varios días en casa del subdelegado, quien luego de un tiempo se aburre del joven, y convenientemente prepara las cosas para que un guía lo lleve a la hacienda de su tío. En el intertanto, ya se ha establecido una amistad entre Camilo y Marianita y por supuesto el feeling es mutuo. Una mañana Camilo se despide y junto a un capataz se aleja del puerto para dirigirse a la estancia de su familia. Pero no puede sacarse de la mente a la muchacha.

            Al llegar a la hacienda hay un gran alboroto, su tío Ramón G., su Tía Pepa y sus primas están organizando el paseo de verano hacia el cercano pueblo de Los Vilos. También hay invitados de las otras haciendas y se espera la llegada del cura desde el interior. Entre sus primos está Sergio, un joven dicharachero, pero de un gran corazón, y que declara que lo único bello en Los Vilos es la hija del Subdelegado, así es que advierte a un tío picaflor a no excederse con la muchacha. Cerretas tras carretas con peones y empleadas de la casa patronal se han adelantado para preparar la llegada de los patrones. Otros inquilinos han preparado un carro con músicos donde se interpretan las cuecas más movidas para amenizar el viaje por esas soledades. Llegado al puerto, don Ramón reunió a todas las familias locales invitándolas a la fiesta. Allí, Camilo definitivamente quedó enamorado de Marianita, declarándole su amor. El verano pasó y dio paso al otoño. La fragata “Mercedes” debía volver a Valparaíso y Camilo muy angustiado debió despedirse de su amada, no sin antes, conforme a las normas de la época, le deja la promesa de matrimonio. Transcribo al pie de la letra el diálogo de despedida de los enamorados: Camilo, con todo el sentimiento de la partida dice á Marianita: -“Júrame que me pertenecerás eternamente, que no abrigarás un solo pensamiento que no sea mío y que si nuestro matrimonio se demora dos años, tres, cuatro, cinco, me aguardarás siempre.”

“-Camilo-contestó Marianita con gravedad, -al decirte que te amaba te he dado mi vida para siempre.”-Con este juramento sellan su amor que después poetizan con un beso estrecho, dulce y silencioso.”

El barco se aleja de la bahía de Conchalí. Los Vilos va quedando atrás. En la playa una muchacha, la más hermosa flor de aquellos parajes queda llorando.

AMOR, LOCURA, TRAICIÓN Y TRAGEDIA 

            Al llegar a Santiago, Camilo habla con su madre, doña Rosario y le cuenta de su amor. Pero doña Rosario es ambiciosa y siempre ha querido potenciar la fortuna familiar, primero acercando a su hijo a su potentado tío del Choapa, para lograr ser parte de la herencia, y concertar un matrimonio con alguna doncella de las familias patricias de la capital. Mientras Camilo abandona sus estudios excusándose en su feble salud, su madre mueve sus influencias entre sus amistades para buscar una mujer para su vástago que le haga olvidar a aquella infeliz campechana. Camilo escribe a su tío proponiéndole arrendarle un fundo de sus amplias tierras para así estar cerca de Marianita, pero don Ramón no aceptó sus pretensiones. Es allí donde aparece Elena, una joven de alcurnia que está enamorada de Camilo, pero lo que más alegra a doña Rosario, posee riquezas y una hacienda. Elena es ambiciosa, raquítica, enfermiza y de carácter nervioso. Camilo no puede olvidarse de Mariana, por dos años se escriben cartas hasta que súbitamente dejan de llegar las esquelas desde Los Vilos ¿Qué ha pasado con Marianita? Se pregunta Camilo. La respuesta le llega como un balde de agua fría: la hermosa vileña se encuentra comprometida con un hacendado local. Dos años fue mucho tiempo, pensó Camilo. No quiso esperarme. Despechado, acepta casarse con Elena. Doña Rosario ha triunfado.

            Al año de casado, la enfermedad se llevó a Elena. Mucho la lloró Camilo, aunque en su pensamiento sólo estaba Mariana. Así, decidió volver a Los Vilos, a la hacienda de su tío Ramón. En el poblado volvió a ver a su enamorada. Allí se enteró de que su correspondencia había sido interceptada por su madre, que ella no se había casado, aunque había consentido a los deseos de su padre de casarla con Sergio, que por entonces estaba en Valparaíso. Cándida e inocente la chiquilla criada junto al mar escuchó las explicaciones de su enamorado, y éste envalentonado en su victoria comenzó a visitar a la joven en las noches, cuando el Sr. Albarracín dormía, entregándose el uno al otro a su amor. Sergio, el primo de Camilo era por tanto el mayor perjudicado. Sabía que se encontraba en Los Vilos, de la relación que tuvieron antes y desesperaba por volver, y así lo hacía saber en sus cartas a Mariana. Esta, en cambio, bebía de los favores de Afrodita, olvidando su dignidad. Camilo en tanto, saciada su pasión comenzó a pensar en la forma de alejarse de la joven. Simplemente había sido una aventura para él.  Teatralmente llevó un día a la playa a Marianita, y le dijo que dudaba de su amor, ya que aborrecía el anillo de compromiso que adornaba su dedo anular. Marianita lanzó el anillo de oro a las aguas del mar ante un estupefacto Camilo. Sin embargo, él ya no sentía amor por ella. Su madre trajo desde Santiago a Laura E., hija ilustrada y única de una viuda de alta sociedad. Poco costó a doña Rosario que comenzara el romance entre su hijo y Laura.

            Sergio llega a Los Vilos el mismo día que Camilo se aleja del puerto, que se ha ido a despedir de Marianita. Ella, comprendiendo que nunca más lo verá, se entrega en esa, la última noche juntos, al intenso amor carnal.  Sergio, que no sabe del alcance de las relaciones de su novia pide al Sr. Albarracín el permiso para casarse cuanto antes, ya que piensa asistir a la boda de Camilo y Laura en la capital. Cuando su padre le comunica la decisión de Sergio, Marianita enmudece y se hunde en la desesperación, la angustia y la pena, sin que su padre sepa el porqué. Una mañana, se lanzó al mar buscando la muerte, pero un pescador la salva de las aguas, semi-ahogada. Se siente engañada, deshonrada, y la carcome la culpa, al darse cuenta que sólo Sergio la ha amado de verdad. Desde entonces, Marianita sólo busca en la muerte el “Último lenitivo para los sufrimientos, el principio de la vida de las almas.” Sergio es llamado con urgencia por el Sr. Albarracín, y éste al verla en el estado de postración y del mayor sufrimiento rompe a llorar como un niño. Marianita, que oye su voz lo escucha y lo observa, y avergonzada por los sufrimientos del que fue su novio corre hacia el mar, Sergio va, tras ella y la grita. ¡Marianita! Marianita! Ella vuelve la mirada y le dice: “¡espérame! voy a buscar mi anillo de compromiso!” Marianita se arrojó al mar, Sergio, se lanza tras ella, y sólo regresa con el cadáver de su amada.

Es el fin de la trágica historia de amor en las playas de Los Vilos.

Marianita ¿Mito o Realidad?

Como señalé antes, por la descripción que hace del pueblo, es obvio que Vicente Grez conoció la zona. Señala del pueblo: “Llegaron a la modesta casa de la primera autoridad del pueblo. Estaba situada en seguida de unos grandes galpones que servían de bodega, i a los que, a veces. Se les daba el pomposo nombre de aduana.” La famosa hacienda de don Ramón, no es otra que la Hacienda Conchalí que tal como señala el novelista en la época tenía tanta extensión “como un reino de segunda orden de Europa.” La “G” del apellido de don Ramón hace una clara mención del clan Gatica, familia arrendataria de las tierras de los Irarrázabal en Illapel, perteneciente al Partido Conservador. Incluso hubo un diputado, Rafael Gatica Soiza, que representó a Illapel en cuatro ocasiones, entre 1837 y 1864. No es alejado señalar que había intereses comerciales mutuos entre los Larraín y los Gatica.

Mapa Los Vilos - [Ciudadano Cultural] Marianita (1885): El Gran Best Seller Nacional Ambientado en Los Vilos

El autor hace hincapié de la sorpresiva llegada del barco “Mercedes” a los Vilos (nótese “los” con minúscula) y que su ruta era entre Valparaíso y San Francisco de California, que es efectivamente el trayecto de las exportaciones de trigo hacia el mercado estadounidense en las décadas de 1850 – 1860, coincidiendo con el proceso de la “fiebre del oro” en las tierras arrebatadas a México por los Yankees en la guerra de conquista de 1845 – 1848. Otra pista que nos deja el autor es que, el Sr. Albarracín, Subdelegado Marítimo del pequeño puerto va personalmente al barco recién llegado a inspeccionar los papeles. Por tanto, es anterior a 1857 año de construcción del primer muelle (destruido por los temporales en 1864). En 1865 había comenzado el viaje regular de un pequeño vaporcito, a cargo de una firma local con ramificaciones en el puerto de Valparaíso, el llamado “Paquete de Los Vilos”, por lo que no es posible que sea después de esa fecha, en que los desembarques de carga se hacían en grandes lanchones. Además, menciona Coquimbo y Caldera como paradas. No Antofagasta, ni Tal –Tal, ni Mejillones, zonas alejadas del imaginario colectivo nacional hasta el boom del salitre, y entonces en manos bolivianas.

            También deja otra pista: durante toda la narración se le llama “puerto”. Sabemos que el decreto de instalación es de 1855. Años sugeridos entonces para la novela, entre 1855 y 1857. La fragata artillada “Austerlitz” participó en la Guerra de Crimea (1853 – 1856) entre el Imperio Ruso por una parte y la alianza del Reino Unido, Turquía y Francia. Si se fijan, es contemporánea a las fechas que indico.

Como sea, 1885 es el año en que Los Vilos nace al mundo de la Literatura Universal en la inteligente pluma de Vicente Grez. En ese año, el libro fue superventas. Esperemos que alguna Plaza o calle del viejo y querido puerto lleve su nombre, junto a su inmortal “Marianita”.

Total, soñar sigue siendo gratis.

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