[Ciudadano Cultural] Apocalipsis: El terremoto del 15 de agosto de 1880 en Illapel

Por Joel Aviléz Leiva.

EXTRACTADO DEL LIBRO “PARTICIPACIÓN DEL CHOAPA EN LA GUERRA DEL PACÍFICO”

 

Iglesia de Illapel en 1882 por Jaime Aracena - [Ciudadano Cultural] Apocalipsis: El terremoto del 15 de agosto de 1880 en Illapel

Para la década de 1870, las tierras del Choapa se encontraban inmersas en un incipiente proceso de expansión mercantil. Sin embargo, existieron factores determinantes para paralizar la economía capitalista, como lo fue, los años de sequía, conllevando a la pérdida parcial de las cosechas, animales de sangre y domésticos, afectando al mundo agro de la hacienda local, sumado al colapso de la minería cuprífera con la consecuente migración peonal hacia nuevos núcleos industriales, incluso fuera de las fronteras nacionales (Perú y Bolivia). Dos terremotos, en 1873 y 1876, afectaron la región, quedando buena parte del radio urbano de Salamanca e Illapel dañado. Sería el preludio del gran terremoto de agosto de 1880.

ILLAPEL 1880: EL CONTEXTO LOCAL

En 1880 la sociedad del Choapa se veía convulsionada por los acontecimientos bélicos registrados en el norte. Tarapacá, Tacna y Arica habían sido conquistadas a costa de una elevada cuota de sangre, en la que no pocos illapelinos participaron.  

En la intimidad del hogar, se relataban las cartas llegadas desde el frente, mientras que, en las residencias de los más humildes, el luto familiar ni siquiera había podido cerrar las heridas, teniendo al occiso apilado con varios otros en fosa común, bajo medio metro de arena en alguna pampa olvidada. Otros, simplemente desconocieron el paradero de sus familiares por el espacio de los seis años que duró el conflicto. Si agregamos que sólo un 22% de la población sabía leer y escribir, es difícil que, aunque recibiesen una misiva, pudieran descifrar los signos del alfabeto.

La guerra se había llevado a una parte importante de la mano de obra local – a pesar de la negativa del patriarcado terrateniente- fueron las mujeres las que debieron tomar las riendas familiares. En ese contexto, las ceremonias religiosas adquirieron un mayor misticismo, siendo la Iglesia Matriz de Illapel un punto importante de congregación y ruego de las madres, esposas, novias y hermanas por los combatientes lejanos. Se fundían con el anhelo de una pronta paz y la mejora y calidad de vida.

Así llegamos al 14 de agosto de 1880. Cuando todo estaba listo para iniciar las celebraciones del día siguiente, por la Asunción de la Virgen -creencia basada en la mitología cristiana en que la madre de Jesús (El Cristo=ungido) al morir, subió en cuerpo y alma al cielo- los cielos se poblaron de negros nubarrones y comenzó una intensa lluvia que ponía fin a tres años de sequía. Sin embargo, la intensidad de las precipitaciones y lo que vendría después, produciría la cuasi desaparición de varias poblaciones.

 Para reflejar los resultados de tan grande cataclismo para el Choapa, debemos leer el informe que envió el Gobernador Juan de Dios Monárdes al Ministro del Interior, Martín José Manuel Recabarren Rencoret: 

 “Illapel, Agosto 20 de 1880.

Señor Ministro del Interior:

 

Después de una lluvia de dieciséis horas consecutivas, a las 8 horas 45 minutos A. M. del día 15, Illapel fué conmovido por un espantoso temblor que ha dejado a esta ciudad en completa ruina, más de una tercera parte de los edificios han sido destruidos completamente, incluyendo en estos los dos templos; i los que quedan en pié están en mal estado, que muchos de sus moradores temen habitar en ellos.

 

Los edificios municipales de la cárcel, Gobernación, Municipalidad, notaría, juzgado, recova, hospital i en jeneral todos los edificios que ocupan las escuelas, han sido destruidos casi enteramente.

Pasan de seiscientas las familias i pobres que han quedado sin asilo i sin recursos. La caridad pública les proporciona hasta ahora los auxilios más indispensables, i el patriótico vecindario de la Serena ha enviado por de pronto i por conducto del señor Intendente, la cantidad de dos mil pesos para atender a esas necesidades.

           

Las propiedades se encuentran hoi en común unas con otras por haber sido destruidas sus murallas i paredes divisorias, i necesitan una pronta reparación para evitar los perjuicios que esta inseguridad podría ocasionar.

 

Hasta diez leguas a la redonda de esta ciudad han reventado muchos huracanes de agua; unos grandes i otros pequeños, sin causar perjuicios de consideración.

 

Los hornos de fundición completamente destruidos i las minas sentadas casi en su totalidad. Felizmente por ser día festivo, no hubo desgracias personales. Los operarios no trabajaban.

 

De Salamanca i Chalinga aún no tengo noticias oficiales; pero por personas que me merecen entera fé, sé que estas poblaciones han sufrido perjuicios de consideración; muchas casas caídas i otras amenazando ruina.

 

Los templos han sufrido bastante. No se tiene noticias de desgracias personales. Las haciendas han quedado rasas. La gobernación ha tomado todas las medidas del caso para resguardar las propiedades i para evitar desgracias. Atendiendo al estado de pobreza i miseria en que ha quedado la mayor parte de la jente indijente, i según la limosna que se ha repartido en estos días pasados, dándosele cuarenta centavos para cada familia, ha ascendido por cada día a la suma de 240 pesos, incluyendo en este número muchas familias vergonzantes.

 

Esto solo, señor Ministro, ha servido para proporcionarles un pan diario, teniendo la gobernación el sentimiento de no poder socorrer otras mil necesidades que son de suma urjencia, que han sido causadas por la catástrofe de que han sido víctimas las numerosas familias de que he hecho mención.

 

  1. en vista de los datos de que he hecho referencia i tomando en consideración la situación del Erario, podrá calcular cual sea la cantidad con que el Supremo Gobierno se digne favorecer para satisfacer las más premiosas i urjentes necesidades a tantos infelices.

 

            Dios guarde a US. — JF. De D. Monardes”[1].

 

Un reporte posterior agregaba que “Salamanca i Chalinga. — En ambos pueblos fue muy intenso el movimiento i causó inmensas ruinas materiales. Lo mismo que en los anteriores se pudo observar en las haciendas de Llimpo, Quelén, Chellepin i Cuncumén, etc. Encuéntranse estos pueblecitos a unos veinticinco kilómetros de distancia de Illapel”[2].

 

 La prensa de La Serena, a través de su diario más importante “El Coquimbo” publicó la noticia del desastre de la siguiente forma; “DEBER I CARIDAD; La luctuosa desgracia que acaba de llegar a Illapel i de dejar a sus familias sin abrigo i sin llorar, nos impone el deber imprescindible de acudir en su socorro i en su auxilio a la brevedad posible.

 

            Pocos pueblos han dado pruebas más brillantes de cumplida abnegación i de noble desprendimiento que La Serena i sus jenerosas oblaciones enjugaron muchas lágrimas en Méjico, cuando torrentes de sangre inundaron sus feraces comarcas; han llevado el consuelo i la esperanza al pueblo del Ecuador, cuando uno de sus más ricas provincias, la de Ibarra, presentaba el horrendo espectáculo de miles de cadáveres hacinados sobre montones de escombros, en fin, muchos hambres al Perú, cuando su costa sur fue arrasada por el mar después de quedar convertida en osario por los terremotos.

 

            Hoi La Serena no puede ni debe dejar de ocupar el mismo puesto de honor que en esos tiempos, mucho más cuando se trata de un pueblo como Illapel que respira nuestro aire, que se cobija bajo el mismo cielo, que lleva nuestro nombre, que se alimenta del mismo i de cuyas venas bulle la misma sangre que acaba de derramarse en Tacna por las glorias de la patria, i por la grandeza de la provincia.

 

            El pueblo que modeló la cuna de una matrona ilustre como la señora Quiteria Varas de Benavente, a quien tanto deben los pobres de La Serena, no, llorará nó, sin que todos i cada uno de nosotros acudamos a enjugar sus lágrimas; no sentirá las terribles torturas del hambre sin que llevemos a sus manos un pan; no vivirán la intemperie de las lluvias i del frío sin que le ayudemos a levantar sus techos.

            Todos pues, en nuestra esfera de acción debemos contribuir a levantar de sus ruinas al pueblo hermano con quien nos ligan tantos i tan indisolubles lazos”[3].

 

Un par de días más adelante, con la información mucho más detallada, el diario señalaba: “La Desgracia de Illapel; Triste por demás es la situación a que ha quedado reducido con el temblor del domingo pasado.

 

            Las pocas casas que habían quedado en pié se desmoronan ahora, i los vecinos tienen que dormir en los cerros a toda intemperie. Para mayor desgracia un nuevo aguacero cayó sobre ese pueblo de desolación i ruinas ayer a las siete de la mañana, durando hasta las doce con más o menos fuerza.

 

            Se tiene conocimiento de dos víctimas del terremoto que sepultó el templo de San Francisco, una señora Izquierdo i una niñita de 4 años de edad, hija de don Pedro P. Cortés[4].

 

TERREMOTO DE ILLAPEL

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Revista de Coronel, C

oronel, sábado 04 de septiembre de 1880,

Tomado de “La Ley” de Illapel.

 

22 de agosto –El gran temblor del 13–. Illapel es ahora un hacinamiento de ruinas informes, un campo de tristeza, de dolor, de luto i muerte. El corazón se oprime, el espíritu se abisma, el alma se conmueve al recordar sus calles, ayer no más centros de villa i entusiasmo, i hoy convertidas en fúnebre cementerio de su pasada actividad, de su pasada alegría.

¡Illapel, la graciosa Illapel es un cadáver! Las frescas rosas de su frente se han marchitado para siempre!

¡Pobre Illapel!

–La mañana había amanecido lindísima, clara, diáfana: ni la más leve nube empañaba el límpido azul de los cielos. El sol ostentaba en el cénit en todo su esplendor. La mayor parte de los habitantes se entregaban a sus quehaceres diarios i una mui pequeña gozaba todavía de las dulzuras del sueño.

Nada hacía presagiar la catástrofe que nos amenazaba.

Teníamos suspendida sobre nuestra cabeza la espada de Damocles, i no la veíamos.

 –Repentinamente, sin que el más leve ruido le precediese, siéntese un estremecimiento de tierra horrible, espantoso, aterrador!…

Los edificios vienen al suelo, formando en su caída una confusión indefinible.

La ansiedad se vé pintada en todos los semblantes.

El llanto, los gritos, los jemidos se escuchan por doquiera.

¡Qué escena, dios mío, qué escena!

Ya es la madre que se lanza al precipicio por salvar la vida de su hijo; ya es el esposo que busca angustiado a la compañera de su vida; ya es el hermano que llama a la hermana a la dulce amiga de la infancia!…

I el sacudimiento de tierra continúa. La confusión es cada momento mayor.

Aquello es el juicio!

–No pretendemos transcribir con todos sus detalles esos instantes de suprema angustia.

Otro es nuestro objeto por ahora. Además, para ello será necesario mojar la pluma en las lágrimas que se derramaron ese día de atroz recordación ¿i quién sería capaz de hacerlo?

–Vamos a hacer una súplica a la noble prensa de Chile, que siempre ha sabido colocarse a las alturas circunstancias; que con abnegación sin límites ha golpeado a la puerta de los poderosos, implorando, como ella solo sabe hacerlo, socorro para el necesitado.

I hoy millares de familias no tienen donde guarecerse del frío i de la lluvia; hoy que la desnudez i el hambre apremia a esos infelices ¿permanecerá sorda a la voz temblorosa del infortunio?

No, i mil veces nó.

Jenerosos adalides de la prensa: empuñad la pluma i dad a conocer a vuestro público la desgracia tremenda que aflije a este pobre pueblo.

Que nuestras oficinas sean alcancías donde las almas sensibles vayas a depositar el óbolo de la caridad.

Hai mucha miseria que socorrer…mucha desnudez que cubrir!…

A la obra, i como premio de vuestros esfuerzos recibiréis las bendiciones de un pueblo entero.

–La misma hoja suelta de que tomamos las anteriores líneas, comunica también la catástrofe en los siguientes términos:

Gran terremoto. –Illapel en ruinas. –40) Casas caídas o completamente destruidas – 600 personas sin hogar–. Espantosa miseria.

Acabamos de escapar de una muerte segura: la del hombre, sin hogar buscando pan, abrigo i una protección. Partía el alma ver tanta desolación, tanta aflicción, tanto dolor.

Los claustros de san francisco i santo domingo destruidos en gran parte. Los enfermos del hospital  aislados en un mísero rancho. Los edificios de las escuelas públicas i de la gobernación. Cuartel, cárcel, recova i sala municipal amenazan ruina.

Los suburbios de la población están en completa destrucción.

Desgracias personales solo tenemos que lamentar dos: la señorita Tránsito Izquierdo aplastada por los escombros del convento de San Francisco; i la otra, una hijita del señor don Pedro. P. Cortez; i si no hubiera sido por la exactitud del presbítero, señor Bahamonde, en el cumplimiento de su ministerio, hoy tendríamos que llorar muchas pérdidas de vida; pues esto impidió el que la misa se dijera a la hora de costumbre.

El comercio ha sufrido grandes perjuicios i particularmente el señor don Pablo Silva. Muchos pequeños despachos han desaparecido por completo. El señor don Próspero Patiño perdió casi todo el embase de sus boticas.

Los temblores continúan hasta el momento en que escribimos, causando cada uno de ellos gran alarma en la población. La noche de ese angustioso día todo Illapel permaneció en vela, i muchas familias permitieron estar a toda intemperie i en el suelo húmedo antes que permanecer en las mal seguras habitaciones.

Parece que Illapel estuviera condenado a un fin desgraciado; que sus días estuvieran contados i que el último de ellos se acercase con pasos rápidos. Lluvias continuas i abundantes hasta el exceso han impedido el cultivo de los campos. Los animales acostumbrados a un clima más benigno han muerto por millares. Las creces del río Illapel destruye parte de una población por el Sur; las fértiles campañas de Cuzcuz sufren inmensos perjuicios por la misma causa. Las minas, fuente de riqueza de esta población, se ven paralizadas por estar llenas de agua muchas. Los caminos destruidos en su mayor parte, haciéndose el tránsito materialmente imposible. El comercio sufriendo las consecuencias de la paralización de la agricultura i de las minas. La miseria tocando las puertas de innumerables familias.

I como si todos estos males aún fueran pocos i necesitáramos nuevas desgracias que vinieran a completar este cuadro triste, nos vemos de repente conmovidos por el más espantoso temblor que, en unos cuantos segundos, convierte a Illapel en un montón de escombros i de ruinas. Este trájico suceso tuvo lugar el 15 de este mes, a las 8,45 minutos A.M. ¡Qué espectáculo tan triste i conmovedor ofrecía Illapel momentos después del temblor! La mayor parte de sus cómodas i aseadas casas yacían en el suelo; sus calles cubiertas de escombros; recorridas por un sin número de personas despavoridas, dando gritos de conmiseración, pues creían que era llegado para todos el último de los días; el amigo abrazaba al amigo con ojos anegados en lágrimas; la tierna madre estrechando contra su pecho al inocente niño, a quien, tal vez con riesgo de su vida.

Cuando los espíritus estaban algo tranquilizados i resignados con la desgracia, hé aquí que un principio de lluvia introduce la alarma i amenaza concluir con lo que el temblor había perdonado; pues si se declara con fuerza como los anteriores, no habría quedado una sola casa en pie ni habríamos tenido albergue donde guarecernos; pero la Providencia hizo que fuera de poca consideración. Con la fuerza del temblor reventaron cuatro barracones en la cima de los cerros que limita a la ciudad por el norte; pero sin causar perjuicios. Sabemos que en varios otros puntos han reventado como 60 barretines.

El señor Intendente tan pronto como tuvo conocimiento de la desgracia que era víctima Illapel, trató de aliviar algún modo la infeliz suerte de tanto desgraciados; i dos horas después contestaban: “La Intendencia i el pueblo de La Serena toman parte en los sufrimientos de los vecinos de Illapel, i disponga V.U. de mil pesos para socorrer los desgraciados”. Al día siguiente, ponía a disposición del señor Gobernador mil quinientos pesos más. Que el cielo bendiga la generosidad de tan digno mandatario i de sus nobles i filantrópicos vecinos.

En Chalinga i Salamanca el temblor causó algunos perjuicios, pero de tanta consideración como Illapel. Las haciendas han sufrido grandes estragos en las casas i pircas.

El señor Gobernador con una actividad digna de todo elojio, desde los primeros momentos de tan desgraciados sucesos, comenzó a tomar todas las medidas para evitar desgracias i asegurar las propiedades, que hoy se encuentran en común por haberse caído sus paredes divisorias como las de sus calles; aumentó la policía en 20 soldados más; reunió a los vecinos para formar una guardia de honor; la que presta grandes servicios; aprovechó la salida del Paquete de Los Vilos para Valparaíso, surto en el puerto de Los Vilos para comunicar la desgracia a Santiago pidiendo auxilio, al Supremo Gobierno; se han nombrado comisiones para que socorran por cuarteles a la población para tantos menesterosos; otra para que evalúe los perjuicios que se han sufrido; se publicó por bando que las personas desvalidas i sin hogar se asilen en la matriz para darles alimento i hospedaje.

Si el Gobierno i Chile entero no estiende a este desgraciado pueblo; que es digno de mejor suerte, una mano jenerosa, ni en 20 años volverá Illapel al estado en que estaba antes del temblor; pues muchos pobres que solo contaban con algún pequeño rancho o alguna pequeña propiedad, hoy tienen el sentimiento de verlo en el suelo sin tener con que reparar tan sensible pérdida.

Quien quiera reconocer los estragos de la catástrofe, recorra la población con todo sentido i volverá a su casa con el corazón angustiado, después de haber sido testigo de mil escenas a cuál de ellas más conmovedoras i que oprimen el alma, sin poder aliviar a tantos males, ni llevar consuelo a tantos desgraciados, que las palabras de “paciencia i resignación”

Quien quiera ver la miseria del pueblo, aproxímese a la plaza cuando se da una limosna i verá por centenares hombres, mujeres i niños que piden un pan i en cuyos semblantes demacrados se pinta el hambre, la miseria, i sus pobres andrajos revelan la estremecida pobreza de ese sin número de infelices, que no cuentan hoy día más que con la caridad pública, la que jamás ha desmentido sus sentimientos de compasión i generosidad.

¡Pueblos hermanos! Imitad la actitud del jeneroso pueblo de La Serena; acudid con vuestro óbolo para socorrer al hijo de la desgracia, venid a enjugar las lágrimas de la madre desamparada, del huérfano desvalido; mitigad los sufrimientos de tantos desgraciados, i el cielo colmará de bienes al que viene en auxilio del que hoy no tiene un pan que comer ni un hogar donde reposar su pobre estenuado cuerpo”.

Curiosamente, en el puerto de Los Vilos el temblor no tuvo la misma intensidad, derrumbándose sólo una vieja pirca de piedra. Fue percibido entre Chañaral y Chillán, es decir, entre la Región de Atacama, y el norte de la Región del Biobío, también se pudo percibir en la ciudad argentina de Mendoza y en Antofagasta. Las ciudades más afectadas fueron Illapel y La Ligua. Los temblores siguientes afectaron aún más las construcciones de las ciudades de todo el sector afectado.

En total murieron 25 personas, 708 heridos y 3.847 damnificados. En Illapel, el 73% de las estructuras sufrieron grandes daños, mientras que en La Ligua un 69% de las estructuras sufrió daños graves.

SOLIDARIDAD NACIONAL CON LAS VÍCTIMAS DE ILLAPEL

El ya citado Pbdo. Montes Solar, organizó rogativas por las víctimas del terremoto, y por la victoria de las armas patrias. Según el oficial e historiador Justo Abel Rosales de Borja, perteneciente al Batallón “Aconcagua” N°1, en aquella fecha estacionado en Antofagasta: “Al enterarse de la tragedia, la tropa hace erogaciones para aliviar al pueblo de Illapel que ha sufrido un terremoto”.

Las informaciones de la prensa llegaban claramente desde retaguardia. El 19 de agosto, Rosales anotaría en su diario que: “El Pueblo Chileno (diario) de esta tarde dice que esta semana llegarán nuestros compañeros desde el interior. En el mismo diario he leído que el terremoto del domingo que arruinó a Illapel apenas fue sentido en las ciudades centrales de la República. Respiré como quien me aliviara de un gran peso[5].

La misma oficialidad del “Aconcagua” N°1 se encargó de organizar la recolección de las donaciones voluntarias, lo cual era lógico ya que en sus filas militaban numerosos hijos del Choapa: “En el mismo diario he leído un bando del Comandante General de Armas, nuestro Comandante, en que nombra una comisión para reunir erogaciones de todo este litoral y mandarlas a los pobres que han sido arruinados por el terremoto en Illapel. Hermosa acción es ésta de nuestro jefe, como es hermosa la caridad en todas partes. El capitán Castro es uno de los nombrados para recibir dichas erogaciones. Hoy como ayer, no hubo puerta franca”[6].  La tropa en Tarapacá también envió su apoyo a los damnificados: “Don Antonio Alfonso ha remitido al Intendente de Coquimbo una letra por la cantidad de 1442 pesos diez centavos, producto de erogaciones, hechas en Iquique en favor de los desgraciados de Illapel. Agrega el Señor Alfonso que esta remesa es una parte de lo colocado i que en el próximo vapor enviará el resto para completar 2.000 i tantos pesos. Entre los erogantes figuran dos filantrópicas casas alemanas con 500 pesos cada una”[7].

La solidaridad también llegó desde otras provincias, encabezada por la de Melipilla, cuyo Gobernador don Onofre Silva formó un comité para ayudar a Illapel, fundado el 26 de agosto de 1880[8]. Concepción, Valparaíso, Caldera, Iquique y Santiago también aportaron dinero para las obras de socorro[9]. Las mujeres de Coquimbo también solidarizaron con la tragedia:

 

“PUERTO DE COQUIMBO

 

Erogaciones a beneficio de los pobladores de Illapel, colectadas por las señoras T. E. W. de Millie i de Rosalía R. de Millie.

Con 10 pesos, señores Eastman, Sheldon i Ca.

Con 5 pesos, señoras Clarisa U. de Díaz i Savina de Vivian i Señor Tomás J. W. Millie.

Con un peso, señores Tomás Ireland, Rafael Rojas, i señora de Humphries.

Con 50 centavos, señoras D. Danskire, Hart i señor Pedro Collao.

Con 40 centavos, señor Cipriano Rivera.

Con 20 centavos, señores Florentino Malala i Agustín Aguirre.

Total; 30 pesos 30 centavos”[10].

 

Como vemos, la mayoría de los erogadores fueron extranjeros o descendientes de aquellos, en su mayoría británicos que vivían en el puerto. También la tripulación de un buque inglés surto en la bahía coquimbana se sumó con entusiasmo al proyecto; Función Dramática: la digna i filantrópica oficialidad del buque de guerra de su S.M.B. Osprey, piensa organizar, por la tripulación, una función dramática cuyos productos serán destinados a socorrer a las víctimas del terremoto de Illapel.

 

La representación tendrá lugar el jueves 2 de setiembre, para lo cual la Gobernación de Coquimbo ha nombrado una comisión de vecinos, compuesta de los señores Agustín Virgilio, Julio Carcasson, Francisco Fincas Campbell e Indalicio Fábregas.

           

No podemos menos que tributar un voto de aplauso i de agradecimiento a los abnegados marinos, que acuden a socorrer nuestras desgracias i a endulzar la suerte de las víctimas de la espantosa calamidad que ha herido a Illapel”[11].

 LENTA RECONSTRUCCIÓN

 

Las cosechas de 1880 fueron generosas. En agosto mismo, cuando fue el gran terremoto, el río Choapa se desbordó debido a las intensas lluvias caídas[12]. En ese entonces los derechos de agua del río Illapel aún no estaban definidos[13].

 

Los $4.000 pesos de la época que dispuso el gobierno de Aníbal Pinto para su reconstrucción, y los $2.000 que reunieron los vecinos y gobierno de La Serena, habían sido insuficientes para lograr dicho objetivo, por lo que se pidió a la beneficencia y caridad pública, liderada por la Sra. Margarita Madrid de Ramos, madre del héroe de Pisagua, el Teniente del “Atacama”, Manuel Enrique Ramos Madrid. La matriarca familiar logró reunir la suma de $460,63 para reparar la Iglesia de la Matriz de Illapel (construida entre 1846 y 1847 con aportes del Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública por $1.000 pesos de la época, en el gobierno de Manuel Bulnes Prieto)[14] a cuyas sumas fueron aportadas por parte de la dote de la unión de su hijo con Rosario Gatica González, hija del general José Miguel Gatica, oficial del Estado Mayor, y hermana de Marcial Gatica González, cirujano 2° a cargo de las ambulancias militares de Santiago en la guerra, cuya donación fue de ($113,91), la familia Araya ($33,86), Gatica (34,43), Carvajal (16,68), Flores ($33,15) y la Sra. Garmendia ($46,43), y otros aportes[15].

Manuel Enrique Ramos Madrid oficial del Regimiento Atacama en la Guerra del Pacífico  - [Ciudadano Cultural] Apocalipsis: El terremoto del 15 de agosto de 1880 en Illapel

Manuel Enrique Ramos Madrid, oficial del Regimiento Atacama en la Guerra del Pacífico y su esposa, doña Rosario Gatica González, en 1885. Sus importantes familias apoyaron la reconstrucción de Illapel. (fotografía gentileza de don Mario Juvenal Ramos Peña, nieto del héroe de Pisagua). Ramos Madrid sería Gobernador de Illapel en 1910-1911 y 1924, militando siempre en las filas del Partido Conservador.

 

En un suelto de página del diario “El Norte” del jueves 10 abril de 1884 se muestra el ágil impulso industrial del grupo germano y sus redes de negocios con empresarios locales; “Don Marcial Gatica como apoderado de don Felipe Geisse se ha presentado al gobierno solicitando privilejio exclusivo para fabricar una clase especial de tejas, mui superiores a las que se usan en el país”[16]. ¿Qué motivos tenían los empresarios teutones para iniciar una empresa semejante? La respuesta debe buscarse en la reconstrucción de Illapel, Salamanca, Chalinga, La Ligua y Petorca, tras el terremoto de agosto de 1880, un negocio bastante jugoso que los hermanos querían adjudicarse. Su ambicioso petitorio no fue tomado mayormente en cuenta en Santiago.

 

Con todo el drama, la Iglesia católica pudo asegurarse una buena entrada gracias al apoyo de los fieles. En la cuenta de entradas y gastos de enero, presentada en mayo de 1884 por el sacerdote Buenaventura Tapia sobre la reconstrucción de la Iglesia Matriz de Illapel, se expresa que el saldo líquido a favor de la Iglesia era de $132.53 de la época:

 

“Cuenta de entradas i gastos que presenta el cura que suscribe i que pertenece al mes de enero del corriente año 1884, mes en que principiaron los trabajos de formal reconstrucción que actualmente se hacen.

 

GASTOS ENERO:

  1. Por el transporte del constructor don José Elías Toro i tres trabajadores de Valparaíso hasta Illapel, conforme al recibo N°5: $32.50.
  2. Pagado a don Antonio Ramírez por compra de clavos, cáñamo, recibo N°6: $6.87
  3. Pagado a los trabajadores, según planilla de la semana i corresponde al N°7: $33.10
  4. A Policarpo Rivera, por conducción de nueve álamos: $1.80
  5. Pagado al constructor don J. Elías Toro por nueve días de asistencia del trabajo de la matriz según recibo N°9: $45.00

Total Gastos: $119.27

Nota: Todas las partidas de gastos escritas i que seguirán en adelante se hallan con su respectivo recibo o documento, aunque aquí no se esprese el número, por ser más breve.

                       

                        ENTRADAS:

Saldo sobrante de la cuenta pasada: $ 1.50

  1. Recibida de la señora Margarita Madrid de Ramos doscientos cincuenta pesos i veinte centavos, resto de las erogaciones colectadas por las distintas comisiones en esta ciudad, que con los 150 pesos de que se dio cuenta en el N° 50 de <> asciende al total de $400.20 centavos, cuyo recibo ya conoce el público.

SUMA: 250.20

             251.70

           

                        LIQUIDACIÓN:

Entradas: $ 251.70

Gastos:    $ 119.27

Saldo Líquido a favor de la Iglesia: $ 132.53

Illapel, mayo 27 de 1884.                          

Buenaventura Tapia.

Cura i Vicario.[17]

 

Las actividades desarrolladas por los parroquianos a través del trabajo de una comisión liderada por las señoras Margarita Madrid de Ramos, Elvira Mellafe de Román, Juana Ceballos de Bravo y Luisa Gatica de Cruz, a indicación del Gobernador Waldo Aguayo y del sacerdote Buenaventura Tapia, quienes, a través de colectas y actividades, como el bazar abierto el 16 de febrero, con motivo de los trabajos iniciados en la iglesia principal. El bazar tuvo un notable éxito y fue inaugurada en la sala de vacunación, perteneciente al edificio de la Escuela de Hombres, calle de la Constitución[18]. En noviembre de 1884, el gobierno, a través de su Ministro de Culto, Pedro Pablo Cavada decretó que la Tesorería Fiscal de Illapel depositara la suma de tres mil pesos, que se destinaron a los gastos de fábrica de la Iglesia parroquial de esa ciudad.

 

En esos días, las reparaciones efectuadas al templo ya se encontraban muy avanzadas, a cargo del constructor civil José Elías Toro. Incluso en septiembre, las festividades patrias se celebraron con un Tedeum en el templo semi–levantado, oficiado por el sacerdote Buenaventura Tapia, a cargo del proyecto. También, la Iglesia ayudó a la reconstrucción de escuelas y del hospital illapelino, como lo señala el acto de la sesión ordinaria del concejo municipal del 09 de agosto de 1883, específicamente en el punto 5, donde se señala: “dos planillas presentadas por el Sr. Presidente para el arreglo de los salones que ocupa la escuela N°2 de niñas, ascendentes a la suma de 19 pesos 60 cts, importe de 27 tablas i 21 cuartón; i ascendente la otra a 16 pesos 60 centavos, valor de la madera i fierro destinados a las obras que se emprenden en el hospital. Estos materiales han sido estraídos del antiguo templo de Santo Domingo i cedidos a la municipalidad por el señor Obispo de La Serena. Se acordó ordenar su pago por las tesorerías correspondientes. El Señor Obispo de La Serena… (José Varas)…ha autorizado la demolición del templo al cura Buenaventura Tapia”[19]. Para 1885, a cinco años del desastroso sismo, la Iglesia Matriz de Illapel volvía a estar completamente reedificada.

 

Mientras el Estado reconstruía su infraestructura, incluyendo a la Iglesia ¿qué pasó con los barrios populares? No hay registros de una distribución de fondos entre las víctimas más humildes y si la hubo, fue gracias a la caridad pública que menciona el gobernador Monárdes, donados por el vecindario de La Serena. El resto, al parecer, fue gracias a la autogestión y sobrevivencia de las personas.

 

Iglesia de Illapel en 1882 por Jaime Aracena - [Ciudadano Cultural] Apocalipsis: El terremoto del 15 de agosto de 1880 en Illapel

Una reconstrucción idealizada de la reconstruida Iglesia de Illapel en 1882, por Jaime Aracena, aparecida en el libro “Illapel Ciudad De Los Naranjos 1754 – 1988” editado por de la I. Municipalidad de Illapel. Desaparecería por un voraz incendio el 6 de junio de 1936. El error de esta fuente radica en que recién en 1885 el templo estuvo listo.

  FUENTES CONSULTADAS

Archivos y Fondos Consultados

Archivo Nacional de Chile

Archivo Museo Arqueológico de La Serena

 

Fuentes Oficiales Inéditas consultadas

Archivo Gobernación de Illapel año 1880

 

Prensa

  • Diario El Coquimbo, La Serena 1879-1885
  • “Revista de Coronel”, Coronel, mes de septiembre de 1880
  • Diario El Norte, Illapel, 1882-1885

Libros y documentos

  • Avilés Jiménez, Carlos; “Melipilla entre la historia y la leyenda”, Ediciones Nueva Línea, 1986.
  • Avilez Leiva, Joel; Participación del Choapa en la Guerra del Pacifico (1879-1884) SALC, La Serena, 2015.
  • Serey Cortés, Arturo y varios autores: Illapel Ciudad De Los Naranjos 1754 – 1988. Oddone S.A., Illapel, 1988.
  • Machado, Miguel R. Boletín del Museo Nacional de Chile, Volumen 2, Número 1, Santiago, 1910.
  • Rosales de Borja, Justo Abel; “Mi Campaña al Perú”. Editorial de la Universidad de Concepción, 1984.
  • Daniel L. Stewart, “El derecho de aguas en Chile: algunos aspectos de su historia y el caso del Valle de Illapel”, Editorial Jurídica de Chile, Santiago, 1970.
  • Urrutia Hazbún, Rosa; Lanza Lazcano, Carlos; “Catástrofes en Chile, 1541 – 1992”. Editorial La Noria, Santiago, 1993.

[1] Boletín del Museo Nacional de Chile, Volumen 2, Número 1, pp. 164 – 176, texto de Miguel R. Machado.

[2] Ibíd.

[3] Diario “El Coquimbo”, La Serena, 18 de agosto de 1880.

[4] Diario “El Coquimbo”, La Serena, 25 de agosto de 1880.

[5] Rosales de Borja, Justo Abel; “Mi Campaña al Perú”, p. 119. Editorial de la Universidad de Concepción, 1984.

[6] Rosales de Borja, Justo Abel, op., cit., p. 121.

[7]  “Revista de Coronel”, Coronel, sábado 18 de septiembre de 1880.

[8]  Avilés Jiménez, Carlos; “Melipilla entre la historia y la leyenda”, pp. 102 – 103, Ediciones Nueva Línea, 1986.

[9]  Según el diario “El Coquimbo” La Serena,.14 de diciembre de 1880.

[10]  Diario “El Coquimbo”, La Serena, 1880.

[11] Diario “El Coquimbo” La Serena, 1880.

[12] Urrutia Hazbún, Rosa; Lanza Lazcano, Carlos; “Catástrofes en Chile, 1541 – 1992”, p. 131. Editorial La Noria, Santiago, 1993.

[13]  Las inscripciones realizadas en ese período dejan la impresión de que, en general, los derechos de agua sobre el río Illapel no estaban definidos. Por ejemplo, en un contrato de arrendamiento suscrito en 1880 entre Manuel José Irarrázaval, propietario de la Hacienda Illapel, y Luis Undurraga, arrendatario, la Hacienda Illapel se arrendaba “… con todos sus edificios. . . terrenos bajo…inquilinos i demás”.  Ver Daniel L. Stewart, “El derecho de aguas en Chile: algunos aspectos de su historia y el caso del Valle de Illapel”, pp. 125 – 168, Editorial Jurídica de Chile, Santiago, 1970.

[14]. Gandarillas, José A.; Fabres y Fernández, José Clemente; Herrera, Felipe; “Boletín de las leyes i de las ordenes i decretos del gobierno de Chile”, p. 49, Imprenta La Libertad, Santiago, 1847.

[15] Diario “El Norte” de Illapel Nº 86, sábado 02 de febrero de 1884.

[16] Diario “El Norte” de Illapel, 10 de abril de 1883.

[17]  Diario “El Norte”, Illapel, 29 mayo de 1884

[18] Diario “El Norte” N°39, 28 de febrero de 1884.

[19] Diario “El Coquimbo” de La Serena, 30 de agosto de 1883.

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