[Ciudadano Cultural] ¿Changos en Los Vilos? Anatomía de un mito.

La moda de resucitar muertos o de reconocerse en pueblos míticos para beneficios del capital.

Por: Joel Avilez Leiva.

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En Chile tenemos la tendencia a no cuestionar el relato histórico y de confundir lo ameno con el temor abierto a sugerir otras visiones que aporten a un debate que genere reflexión sobre lo que somos como pueblo.

Más allá de los libros escolares que narran una historia precolombina idealizada en el siglo XIX y derechamente construida a partir de los gobiernos radicales en el siglo XX, ciñéndose a historiadores como Francisco Antonio Encina y Alberto Edwards, superventas en las décadas de ´1920 y ´1930. Con esto no quiero demonizar a los historiadores de aquellos años, ya que escribían con las fuentes a las que podían acceder, y que el avance de las ciencias ha permitido reforzar, profundizar y en muchos casos, superar.

En los tiempos actuales, donde la post verdad inclina al ciudadano a creer sin base lo que la red global les señala, se ha entablado un interesante debate sobre el posible reconocimiento de la etnia Changa o Changos como pueblo originario de Chile, proyecto presentado por los representantes de Atacama en el Congreso Nacional y que aspira a resucitar después de 400 años a este misterioso pueblo costero.

Bien, veamos. En primer lugar, en la costa chilena ha existido presencia humana desde miles de años atrás. Eso queda demostrado en los innumerables conchales y tumbas que se han encontrado y estudiado. Ahora bien, eso ¿implica que sean un solo pueblo o etnia y qué aquellos milenarios costinos sean los mismos “changos”?

En 1910 el inglés Ricardo Latcham señaló que los changos eran una diversidad de pueblos diferentes entre sí, que desde el sur del Perú habían llegado hasta el Huasco; “Uros, camanchacas, atacameños, aymaras y otros”, en pequeños grupos y diversas oleadas ocuparon playas y desembocaduras de ríos. Pero eran diferentes entre sí, no un solo pueblo. Lo único que los unía era su relación con el mar. Es más, existían categorías de trabajo que los diferenciaba: el cazador de lobos sobre las famosas balsas infladas no eran los mismos que pescaban o que mariscaban. Al llegar a tierra, otros se encargaban de preparar los productos marinos y otros, ciertamente, negociaban con poblaciones del interior.

Otro punto importante a definir es que el término “chango” lo colocan los españoles. Es más, las primeras descripciones de los europeos sobre los habitantes de la costa de Chile están en los legajos del Licenciado Fernando de Santillán que en 1559 habla sobre los de Copiapó: “Los Camanchacas Pescadores del cacique don Francisco que está, en la costa hacia Atacama” y a los “Camanchacas pescadores de don Diego que están en el puerto” (Castillo, 2017). Se refiere a las encomiendas de Francisco de Aguirre, desde Paposo, al norte de Taltal hasta Puerto Viejo (en esa época mencionado como puerto Copiapó).

Por tanto, la primera descripción que hacen los conquistadores es de “camanchaca” y no “chango”. Esto se repite en documentos como el de Fray Francisco de Lizárraga que los ve en Atacama y dice que son “indios pescadores pobres i casi desnudos” y “Llaman a estos indios Camanchacas, porque los rostros y cueros de sus cuerpos se les han vuelto como una costra colorada, durísimos; dicen les proviene de la sangre que beben de los lobos marinos y por este color son conocidísimos”. (Biblioteca de autores españoles, 1968).

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¿Cómo Lizárraga pudo comunicarse con ellos? Porque en su caravana llevaba lenguaraces que hablaban el quechua, por tanto, a mediados del siglo XVI estas poblaciones de pescadores ya estaban permeadas por el invasor Inca, si es que no fueron traídos por ellos. Lizárraga estuvo en Chile en 1561 y luego, ya en su vejez, en 1598-1602, escribiendo sus memorias en 1605.

Cieza de León dice que estos pescadores habitan desde el sur del Perú hasta el Huasco. Recién en el siglo XVII emerge el término “chango” en la costa de Copiapó en una escritura pública de 1669 de Fernando de Aguirre, hijo de Francisco, para que le recojan “los indios camanchacas y chiangos pescadores y no pescadores que de mi encomienda estuvieren en Cobija y costa de Atacama o en otra cualquier parte” (Santa Cruz, 1913). No se sabe de dónde provendría este término “chango”, pero los españoles llamaban así a ciertos primates (monos) pequeños.

En el siglo XVII también se utiliza el calificativo de “pro anche” para referirse a los habitantes de la costa copiapina (Cassasas, 1974). Sólo a fines del siglo XVIII se comenzaría a hablar de “Changos” en Coquimbo, aludiendo a pescadores de congrios en este puerto.

A estas alturas, queda claro que si bien en los albores de la conquista el cronista Jerónimo de Bibar establece un rango de acción para los pescadores en balsas de cuero de lobos que iba a Arica a Coquimbo, el cómo se llamaban esos costeños permanece circunscrita al litoral de Copiapó al norte. Inclusive, los papeles coloniales fijan el denominativo “pro anche” para referirse a los habitantes de la costa copiapina.

Así, el término chango es de finales del siglo XVIII. Ahora bien, existen fuentes que indican presencia de balsas de cuero de lobo en Coquimbo, pero esto no es sinónimo de que se construyeran allí. Es más, los petitorios de Francisco de Aguirre al rey para que se le diese el monopolio de la pesca entre el río Limarí y el valle de Copiapó (Levillier, 1913), lo cual es interesante, ya que la referencia a la pesca en sí de Aguirre es, como vimos, en sus tierras de Copiapó, donde tenía a sus camanchacas pescadores (Castillo, 2017).

Existen documentos que sugieren un desplazamiento de estos pescadores para las actividades de los puertos, donde los españoles ante la carencia de embarcaciones menores como un bajel, utilizaban las balsas indígenas, como el caso de Gaspar de Medina en 1555 (Thayer Ojeda, 1913) o la recepción a García Hurtado de Mendoza en 1557 (Mariño de Lobera, 1594 y Suárez de Figueroa, 1613).

Para el sector del Choapa, los españoles señalan que los habitantes hablaban la “lengua de la tierra”, es decir, la que utilizaba la mayoría de la población del país que era el mapudungún o mapuzugún. Para la llegada de la hueste de Almagro la zona de Los Vilos dependía del jefe Michimalonco en guerra con Tanjalonco.

Si la principal característica de esta supuesta etnia es la construcción de balsas de cuero de lobo inflado, podemos señalar que no menciona el cronista Oviedo la utilización de estas embarcaciones para desembarcar los bastimentos del “San Pedro” que llegaron a la desembocadura del río Conchalí, donde Almagro acampaba con su hueste en el pueblo de indios de Ramadilla (Barros Arana, 1884).

En cuanto a los hallazgos arqueológicos, la zona de Choapa muestra una zona de frontera entre lo Inca y lo mapuche, siendo éste último predominante en toponimias, lo que no se explica sólo con presencia de personas esclavizadas de la Guerra de Arauco y traídas a trabajar en los lavaderos de oro de Chigualoco ya en 1575. De hecho, Chigualoco significa “canasta de locos” y su denominación aparece mucho antes de la merced de tierra hecha por Alonso de Ribera.

Otro punto interesante, en la zona de Aconcagua, próxima al Choapa se utilizaban canoas de madera, al estilo mapuche y otras que los misioneros jesuitas llegados del Asia, consideraron similares a las utilizadas en Filipinas por los nativos y que en Manila les llamaban “vilos”, lo que concuerda con el primer nombre español (los ingleses de Drake lo llamaron Bahía del Rey Felipe en 1578) que recibe el primer varadero en la bahía de Conchalí; “Puerto canoa” y no “Puerto Balsa”. Los españoles y luego los chilenos siempre hicieron la diferencia entre ambas embarcaciones en sus respectivas memorias, de modo que, si la principal característica “changa” es la utilización de estas embarcaciones de piel de lobo, Los Vilos, al menos desde el punto de vista histórico y arqueológico no presenta antecedentes para postular semejante hipótesis.

En otras palabras, no hay ninguna prueba que señale a estos grupos de pescadores presentes a la llegada de los españoles. De hecho, para su invasión al sur, los españoles llevan balseros desde sus posesiones nortinas para atravesar los caudalosos ríos (Bengoa, 2004).

Lo que los antiguos pescadores vileños recuerdan en sus comentarios de sus padres es sencillamente la presencia de hombres de mar ya mestizados que vagaban por la costa, más que todo como extractores, pero en ningún caso son los “camanchacas” de Tal Tal, Cobija y Copiapó. Los españoles incluso llevaron a varios habitantes de Cobija hacia el interior de la actual Bolivia. Años después, suplicaban que por favor los devolvieran al mar, de donde los habían traído.

Otro punto importante es señalar que, en los primeros años de vida republicana Los Vilos era mencionado como Conchalí, ya que el río y hacienda tenían ese nombre. No será hasta la década de 1840 cuando comiencen a llamar como Puerto Vilos para derivar en la década siguiente a Los Vilos. En cuanto a Pichidangui, la interpretación de “balsa pequeña” hace rato que se dejó de lado por Bahía pequeña (Carvajal, 2015).

Ya se cometió un error en 2007, cuando el Estado reconoció a la etnia “Diaguita” como pueblo originario, cuando no había grandes pruebas de su estadía en zonas más allá de la cordillera de Huasco y el asentamiento en Elqui alto. Los verdaderos “diaguitas” están en la actual Argentina y en realidad es un conjunto de pueblos que los Incas denominaron de esa forma y los españoles simplemente copiaron.

Hoy existe una moda para traer de regreso a grupos étnicos con los cuales las personas se identifican, pero que en realidad no tienen ninguna vinculación genealógica ni genética, y mucho de éstos sólo buscan beneficios de un Estado que no es riguroso en la investigación, ya que no toma en cuenta los notables trabajos de especialistas. Se dan los casos de personas con apellidos mapuche o aymaras como diaguitas.

En fin, al menos los hombres de las balsas de cuero, hasta ahora (2018) nunca estuvieron en Los Vilos y las embarcaciones usadas eran en su mayoría bongos.

Resumiendo:

  • Los primeros pescadores visualizados por los españoles a su llegada en el siglo XVI entre Atacama y Copiapó se llamaban “camanchacas” (1559).
  • Los “changos” aparecen recién en 1659, en documentos de Copiapó. Que en le misma época existe el término “pro anche” para referirse a la costa copiapina.
  • Sólo a fines del siglo XVIII se comienza a hablar de “changos” en Coquimbo, aludiendo a la presencia de pescadores de congrios en este puerto, llegados desde Huasco.
  • Descubrimientos recientes señalan que camanchacas trabajaban en actividades agrícolas en Copiapó, en una edad temprana de la conquista, y, por tanto, no serían exclusivamente poblaciones pesqueras.
  • El denominativo “chango” sugiere a un pescador ya mestizado, con vestimenta europea que trabaja en el mar y que ocupa tecnología nativa como española. No posee una lengua propia, ni ritos, ni creencias religiosas particulares, sino que es un sujeto surgido de la mezcla. Así lo señalan no tan sólo documentos, sino también pinturas de viajeros europeos.
  • Estos pescadores denominados changos y que no tienen relación con lo indígena, se movilizaron por el país, debido a las necesidades de trabajo, ocupación de la costa, expansión portuaria y de acceso a mejores condiciones de vida, lo que explica su asentamiento final en caletas.
  • El capitalismo decimonónico necesitó poblar la costa y para ello, movilizó población que, obligada o no, comenzó a explotar la costa.

En Los Vilos no hubo presencia de los “changos”, porque los pescadores indígenas locales estaban vinculados con la cultura Aconcagua y mapuche. Que las primeras referencias españolas hablen de Puerto Canoa y no Puerto Balsa, junto a los comentarios de los jesuitas, desmienten la presencia de pescadores nortinos en una época precolombina y de primera fase de la conquista.

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1 comentario

  1. Paulina Pía

    Super bien!!! Gracias!! y comparto el punto de los Diaguitas, o más bien me inclino a aquello. Sería interesante leer sobre ese tema, dado la contingencia del sitio Olivar que vuelve a colocar a los diaguitas en la opinión pública como pueblo.

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